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Revestidos con su propia muerte


Quintana de Fuseros celebró su ancestral procesión de los amortajados, con túnicas de mortajas


El Cristo de la Cabaña es sacado en procesión por todas las calles de Quintana de Fuseros acompañado de los amortajados.

F. Fernández / Quintana de F. La CRONICA de LEON 


Ahí va gente que ha librado de un cáncer, que ha tenido un accidente y sobrevivió, algunos que se salvaron de enfermedades malas, madres que se han ofrecido por sus hijos... qué se yo, aquí le tenemos mucha fe al Cristo de la Cabaña”.
La buena mujer se acerca a la iglesia de Quintana de Fuseros con una ‘mortaja’ debajo del brazo para ponérsela y participar en una de las procesiones más singulares de nuestra provincia y, seguramente, del país: “La procesión de los amortajados”, que cada 3 de mayo recorre las calles de este pueblo del ayuntamiento de Igüeña con un buen número de participantes vestidos con túnicas blancas, en su mayoría, y otras de colores o estampadas que asemejan a las túnicas de los amortajados, de lino. “Es la túnica que nos podían haber puesto, pues tuvimos peligro de muerte, y venimos a darle gracias al Cristo por habernos librado”.
– ¿Y usted de qué se libró?
– Eso son cosas de cada uno... y del Cristo de la Cabaña; añade mientras acelera el paso camino de la iglesia en la que otros muchos vecinos de esta localidad de alrededor de 250 habitantes ‘estables’ durante todo el año.
Allí, a la iglesia, va llegando más gente, de todas las edades, con su mortaja debajo del brazo. Otros vecinos, que no van a salir amortajados en la procesión, esperan en el exterior.
– ¿Va mucha gente amortajada en la procesión?
– Sí van, bastantes.
– Antes iban muchos más.
– Porque había mucha más gente en el pueblo.
– Pero todos los que vienen con mortaja no pueden haber estado en peligro de muerte en un solo año.
– No, hombre. Cada uno se amortaja el tiempo que quiere. Los hay que se ofrecen de por vida, otros por diez años, por cinco, según haya sido lo suyo.
En el interior de la iglesia se siguen poniendo las mortajas. Al exterior llegan tres músicos que han hecho el pasacalles y ahora preguntan qué deben hacer: “Esperad aquí que vamos caminando hasta la ermita y después ya volvéis con la procesión”.
- Lo que diga jefe, que los músicos sabemos que la burra se amarra donde manda el amo.
La conversación gira por unos momentos hacia otros tiempos en los que en el pueblo había mucha más vida y no necesitaban contratar la música. “Aquí durante muchos años tocó Genaro ‘El Tamborilero’, que era del pueblo. Murió en Ponferrada ya hará más de 30 años, había estado en la División Azul y él solo se manejaba con la flauta y el tambor, era un personaje. ¡Cuántas bodas y fiestas tocó por aquí!”.
- ¿Y la Orquesta Flor?
- Hombre, esos ya eran profesionales, tocaban por toda la comarca.
- Pero eran de aquí.
Sale el sacerdote y comienzan a desfilar los amortajados y vecinos por las calles del pueblo camino de la ermita del Santo Cristo de la Cabaña. Las mujeres cantan algunas canciones y en los silencios tocan los tres músicos. Otros vecinos recuerdan anteriores procesiones u otros hitos que marcaron la vida comunal. “¿Te acuerdas cuando asfaltamos todas las calles del pueblo de Concejo, los chavales, los jubilados, todos?”.
- Claro que me acuerdo, fue el año que murió Franco.
De la iglesia a la ermita
En la ermita del Cristo se celebra la misa. No entran todos los vecinos que acuden y se repite en las conversaciones lo que parece una consigna: “Los amortajados tienen preferencia”.
Para los que quedan en el exterior se coloca un altavoz. Extraña que un mes después de Semana Santa la lectura sea de la Pasión de Cristo y es que este rito que acoge Quintana es casi único, pero en los pocos lugares que hay algo parecido siempre es en Semana Santa.
Acaba la misa. Salen los amortajados, la imagen de la Virgen que habían traído desde la iglesia y también la del Cristo, que estaba en la cuidada ermita que acogió la misa. Comienza la que es, en realidad, la auténtica Procesión de los Amortajados de Quintana de Fuseros. “Antes se hacía otra misa muy temprano en la ermita, pero lo han cambiado...”.
Motivos muy diversos
La imagen del Cristo permanecerá en la iglesia hasta el día de San Isidro, patrono de los labradores. Ese día regresa a su ermita y aprovechan para bendecir los campos.
Los ofrecidos o amortajados son los protagonistas de la procesión (“ahora ya es raro que vayan descalzos, antes había muchos”). Los motivos son muy variados pero casi todos para agradecer el haberse salvado de alguna enfermedad o accidente grave. “No se se le suelen pedir al Cristo favores, aunque siempre hay alguno que lo intenta... Ya se sabe, el intento no está penado, pero no es muy de eso este Cristo de la Cabaña; no tendría sentido ir con el sudario de la muerte para pedir un favor”.
El silencio sólo lo rompen los cánticos y la música, hay devoción y no falta el recogimiento. Cuando se acercan a la iglesia se suma el repique de las campanas. El número de asistentes es considerable, pese a ser un lunes, y el de amortajados ronda la treintena. Llegan hasta la iglesia y en el interior se produce otro rito tradicional, algunas personas le recitan al Cristo de la Cabaña algunas poesías, propias en el mayor de los casos o una de un vecino del lugar, profesor en Salamanca: José Luis Rodríguez Molinero. “Por Tu desnudez, ¡oh Cristo!, / quita de mí lo que es pravo, / que libre quiero yo estar / de la veste del pecado.
Así acaba este singular rito. Después comienza la fiesta. A los músicos les mandan tocar el baile vermú y obedecen: “Los músicos sabemos que la burra se amarra donde manda el amo”.


La de Quintana es casi única en España y la única que se celebra fuera de Semana Santa

F. Fernández / Quintana de Fuseros
El rito de la procesión de los amortajados es único en León y también en la Comunidad. Existe una similar en la localidad zamorana de Bercianos de Aliste y en otras poblaciones españolas perose celebran en Semana Santa, que parece el marco natural para estas celebraciones.
No tienen documentada en la ‘cofradía’ que organiza esta procesión y alquila las mortajas el origen de esta tradición, pero sí saben que aparece reflejada en resúmenes provinciales del Catastro del Marqués de la Ensenada (de los años 1752 a 1754) dondela Cofradía de Ánimas de Quintana “no sólo tenía fondos en esta localidad (150), sino también en Cabanillas de San Justo (58) y en Villaviciosa de Perros -actualmente de San Miguel- (233)”, según recoge Marcelino Álvarez en un artículo prublicado enla revista La Curuja, de Noceda del Bierzo.
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