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TRADICIONES / La matanza del cerdo


El jueves fue San Martín o, en la mayoría de los pueblos de León, ‘el sanmartino’, que es lo mismo que decir la matanza. Una de las fiestas más arraigadas y hoy en franco peligro de desaparecer. Los datos son incuestionables, en la edición de hoy de este mismo periódico (página 17) aparecen algunos de ellos.
 La caída en la última década es espectacular, pero no lo fue menos en años anteriores, hasta el punto de que aunque no existen cifras oficiales las gentes del sector afirman que en los años 60 y 70 del pasado siglo superaba ampliamente las cien mil matanzas domiciliarias, comparadas con las diez mil del pasado año andamos por el 10% de aquellos tiempos.

Pero, al margen de las cifras siempre tan incuestionables, todos los leoneses recuerdan la gran fiesta que siempre fue la matanza o el sanmartino. Varios días seguidos en los que la familia se reunía para hacer la matanza, los vecinos participaban y ayudaban, cualquiera que se acercaba a la casa lo celebraba tomando una copa de orujo (un anisete, las mujeres) y unas pastas… 

Una fiesta que duraba varios días, desde la preparación de los cuchillos, la máquina de picar, lavado de las maseras y calderas hasta el propio día de la matanza y sus ritos, el durísimo lavado de las tripas en el río (siempre a cargo de las mujeres), estazar, deshacer, embutir, hacer las morcillas y los chorizos o la longaniza, sazonar, salar y desalar… todo un mundo lleno de suculentas comidas en las que nunca falta el recuerdo de aquellos trozos de solomillo recién cortados que se tiraban directamente en la chapa de la cocina y con un poco de sal gorda por encima era uno de esos manjares que siempre se ha tenido la sensación de que jamás se volverá a probar, como si fuera uno de esos sabores perdidos para siempre. 

Otra pérdida fue el vocabulario de la matanza, es realmente rico y variado.

Refranes, anécdotas, creencias

Buena prueba de la importancia de la matanza del cerdo en la vida diaria de nuestros pueblos es que es uno de los más presentes en los refranes y el anecdotario de nuestros pueblos. 

¿Quién no ha dicho estos días aquello de que ‘a todo cerdo le llega su San Martín’?, ¿quién no ha recordado el jueves que ‘por San Martín deja el cerdo de gruñir?... 
Muchos recuerdan cómo una de las divisiones más precisas entre ricos y pobres en los pueblos se hacía precisamente en torno a este rito: ‘Por San Martino, mata el pobre su cochino y pos San Andrés, el rico los tres’, que tiene una versión menos culta pero, tal vez, más repetida en aquello de ‘andan diciendo los ricos que se van a joder los pobres, pero en sacando las patatas y matando los castrones… que nos toquen los c….”.

Y las anécdotas se cuentan de taberna en taberna. La importancia del cerdo en la alimentación de las familias de nuestra provincia es tan evidente que por toda la montaña se cuenta una anécdota que en cada comarca se atribuye a un párroco diferente. 
Dicen que por la fiesta de la Inmaculada el predicador quería resaltar la importancia de la figura de la Virgen María en el santoral cristiano y no se le ocurrió mejor comparación: “No sé cómo deciros que la Virgen es lo más importante, la más grande de nuestra Iglesia… es algo así como el cerdo, que se aprovecha todo, nada se desperdicia”. 
La misma idea que tantas veces se ha repetido en otros de nuestros refranes o dichos más celebrados: “Del gocho me gustan hasta los andares”.

La otra anécdota la ha protagonizado alguno de los que tiene fama de más comilón en el lugar. En mi pueblo se la atribuían a Laureano, un tipo tan grande como simpático y espontáneo, del que decían que fue al médico, le mandó hacer análisis y el resultado fue el de tantas veces: “Todo lo del cerdo, olvídalo, hay que comer pescado”.

No obedeció. Volvió al médico, se hizo análisis y cuando recibió la reprimenda reaccionó con imaginación.

-¿No te dije que había que comer más pescado?

-Y le hice caso. Llegué a casa, tiré al gocho al río, lo pesqué y después ya lo comí, como usted me recomendó.

Anécdotas y creencias que hablan de lo arraigada que estaba la costumbre de la matanza, creencias que incluyen seguir los cambios de luna u otras que siempre se respetaron, como el hecho de que una mujer con el periodo no puede participar en las tareas que incluya el uso de la sangre, como revolverla en el caldero o hacer las morcillas.

Sonanécdotas que hablan de cómo el cerdo fue la base de la alimentación de generaciones de leoneses (junto a la leche, las patatas y las sopas de ajo). ¿Qué ocurrió para que hoy sea una costumbre casi erradicada la de matar el cerdo tal y cómo desvelan las cifras?

Dicen los estudiosos que los enemigos del cerdo son el médico, el colesterol, las prisas, la despoblación y, últimamente, las denuncias de los colectivos que “no dejan pasar ni una” en las matanzas cuando el animal llega al banco sin aturdir y otras modas. 

Esta última cuestión ha provocado no pocas controversias y se ha visto como otra de las causas del descenso de las tradicionales matanzas. La verdad es que son muchos los que piensan casi lo contrario, estas denuncias se dirigían siempre hacia las ferias y fiestas que hacían de la matanza un espectáculo, en la plaza, para los turistas. Es decir, una señal evidente y un reconocimiento de que era una práctica casi desaparecida ¿Alguien se imagina que hace veinte años cualquier visitante de nuestros pueblos para ver la matanza del cerdo tuviera que acudir a una recreación? No tendría más que pasear por las calles, escuchar y no tardaría mucho en adivinar donde había una casa en la que se estaba celebrando la matanza. 
Nadie le pondría ninguna objeción a que la viera, como era realmente… y si quisiera ir a lavar las tripas al río, mucho mejor.

En cuanto a las características de la carne de cerdo no es menos cierto que hay tantos estudios a favor como en contra. La doctora Sofía Montoya apuesta por poner las cosas en su justo término y asegura que “más allá de la mala fama que se le ha creado y que le señala como alimento insalubre y rico en grasas que favorecen sobrepeso y problemas circulatorios, este producto posee interesantes propiedades nutricionales que debemos conocer para darle su justo valor.

Incorporada en nuestra dieta por su sabor, textura y capacidad para combinar con diferentes especias, adobos y salsas frutales agridulces, la carne de cerdo sigue siendo objeto de debate entre quienes sostienen que su consumo es inofensivo, sin importar la cantidad que de ella se ingiera, y quienes piensan que debería erradicarse su consumo por completo.

Más ecuánimes, los especialistas en Nutrición opinan que ambas posturas son poco convenientes, ya que este alimento sí aporta considerables beneficios a nuestro organismo, pero sólo cuando se consume de forma moderada y se incluye dentro de un régimen alimenticio equilibrado, basado en frutas, verduras y cereales integrales antes que en grasas y harinas refinadas”.

¿Y las prisas y la despoblación? Ahí sí radica los verdaderos enemigos de la matanza de cerdo. Los embutidos ‘industriales’ están cubriendo con dignidad el hueco de los chorizos y jamones hechos en casa y la despoblación es tan evidente que en la misma proporción que han desparecido familias dedicadas a la agricultura y la ganadería están desapareciendo las familias que crían un cerdo ‘en casa’, que ésa era la verdadera razón de la matanza, la economía de subsistencia.

En definitiva, que caminamos hacia unos tiempos en los que ni siquiera “a todo cerdo le llega su San Martín”.

TRADICIONES / La matanza del cerdo

Ya no gustan ni los andares

La matanza o el sanmartino, una de las tradiciones más arraigadas, sigue su inevitable camino hacia la desaparición

Toda una fiesta la de la matanza. Ya está muerto el animal y toda la familia alrededor del cerdo, que va a ser la base de la alimentación durante los largos meses de invierno.
F. Fernández / León
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Jerónima Blanco y Fernando cabo, el ejemplo de las víctimas inocentes.


NOTA DE VREDONDOF : en su dia cuando publique la noticia de este desenterramiento , puse 
Que "BESTIAS" somos los humanos ... no creo que haya ninguna raza animal tan sanguinaria ...

pues me sirve esta frase para este articulo de hoy.
Mas abajo pongo enlaces a los dos publicados al respecto

Una de las exhumaciones más recordadas de estos 10 años; ejemplo de la labor de recuperación de restos de personas que eran inocentes en mayúsculas, y fueron asesinadas. Jerónima Blanco, embarazada, 22 años, y su hijo Alfonso Cabo, de tres años; murieron a tiros de pistola en su casa de Flores del Sil, y soterrados en el huerto hasta el 13 de julio de 2008.

La Guerra Civil ha dejado episodios de gran crueldad, pero pocos impactan tanto como la historia de Jerónima Blanco y su hijo Fernando, cuyos cuerpos fueron encontrados en julio de 2008 por la Asociación para la Memoria Histórica en una fosa dentro un pequeño chamizo de una casa en el barrio de Flores del Sil (que antes era el huerto de la vivienda). 

Esta joven ponferradina, en avanzado estado de gestación y con sólo 22 años, fue paseada y tiroteada el 23 de agosto de 1936 junto a su hijo, de 3 años, por un grupo de falangistas. El objetivo era forzar la entrega de su marido, Isaac Cabo Pérez, quien había huido al monte Pajariel nada más estallar la contienda, temiendo la represión debido a su afiliación sindical y a las ideas políticas de buena parte de su familia, vinculada a la izquierda. 

Isaac aprovechaba la oscuridad de la noche para bajar del monte y visitar a su mujer y a su hijo, pero esa noche de agosto lo que encontró fueron los cadáveres de Jerónima y Fernando, que yacían inertes junto al camino, al lado de la casa. 

El deshonor de los inocentes sirvió de escaparate ejemplarizante

Unos cuerpos que no sólo fueron vistos por Isaac sino que, demostrando la crueldad y la frialdad del enfrentamiento fratricida, pudieron ser contemplados por las decenas de personas que en aquellos días viajaban hacia Galicia a través de la antigua carretera Orense. Más de tres días estuvieron a la intemperie los cuerpos sin vida de Jerónima y su hijo antes de ser enterrados.
Después, Isaac, camino ya de Asturias, conoció también el asesinato de su padre. 
Cabo sería arrestado en Santander y condenado a 30 años culpado de adhesión ala rebelión. 

La hermana de Jerónima sólo descansó al recuperar los restos

Fue también destaco el hecho de que la hermana de Jerónima, Amalia Blanco, falleció en febrero de 2009, sólo un día después del homenaje que la ciudad de León rindió a la represaliada y su hijo. Las dos hermanas fueron enterradas juntas.
Ponferrada negó la calle y el homenaje que la capital de la provincia sí  dispuso.


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"Restaurar MSP es una labor de arqueología industrial, casi como restaurar una catedral"





Acompañamos a la directora del Programa de creación del Museo Nacional, Esther Aparicio, en un paseo por las obras de resturación de MSP. Ya se puede percibir el lavado de cara a falta de menos de un año para que la central abra de nuevo sus puertas casi 40 años después. Pasen y vean.

MSP será uno de los dos edificios que compondrán el discurso del Museo Nacional de la Energía, junto a Compostilla I. Concretamente, en la central de MSP se recreará la transformación del carbón, desde su descarga en el muelle de carbones hasta su transformación en energía.
La rehabilitación del edificio será eso, una rehabilitación, y no una nueva construcción o estructuras. Únicamente el muelle de carbones será un edificio nuevo, entre comillas, ya que la mayoría de elementos internos se respeta: muelle de descarga, las tolvas que han llegado a nuestros días, la misma cinta de arrastre del mineral a la central, los raíles de las vagonetas. La cubierta y las paredes laterales, las incorporaciones de nuestro siglo, se diferencia además de los vestigios industriales originales. Allí comienza la visita, en el muelle, con la construcción de las vías donde se colocará la locomotora en proceso de restauración. La visión de futuro dejará además el fondo abierto, "por si se consigue algún día el Ponfeblino", y se decide la salida en el MNE.
Una vez dentro, el trabajo es casi artesano por parte de "una empresa muy especializada en restauraciones". Sólo aquí hay una intervención de sustitución, la cubierta, por su estado irrecuperable. Del resto, limpieza a base de arena en presión, cepillado de paredes -casi como se recupera una catedral-, limpieza de la fachada exterior hasta llegar al estrato original "para destacar cómo era la tonalidad y la textura original"... En definitiva, devolver MSP a comienzos del siglo XIX con los mismos elementos que los bercianos de antaño emplearon para abastecer de energía la Comarca, y más allá. Las calderas se limpian ya por dentro, las chimeneas, el cuadro de mandos, hasta la sirena que en 2011 cumplirá 40 años sin subirse al aire de la ciudad. Será el pitido de esta sirena el sonido que abra la central la próxima primavera.
El proyecto de la recuperación de la MSP y su acondicionamiento como Sección del Carbón asciende a 17 millones de euros. El proyecto total del MNE asciende a 100 millones de euros, de los cuales 65 se dedicarán a la sede de Compostilla -cuyas labores de consolidación de estructuras ya han finalizado-.
 
 

"Restaurar MSP es una labor de arqueología industrial, casi como restaurar una catedral"

Un año de obras en MSP. Visita al interior de los trabajos

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Año Jubilar compostelano: arde la Calle Mayor de Europa





Los mejores libros para perderse y no perderse en el Camino


Millares de peregrinos se dirigen estos días a Santiago para celebrar el 25 de julio el Jubileo, el Año Santo Compostelano por excelencia, ése que no se repetirá hasta 2021, y que evoca siglos de peregrinaciones que tienen tanto de cultura como de aventura y de fe. El Camino de Santiago es, desde hace siglos, el eje vertebrador de Europa, su “Calle Mayor”, como lo definió cinco siglos atrás el emperador Carlos V.
El origen
Según la tradición, tras la muerte de Cristo, Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo, continuó su labor apostólica en Jerusalén. Más tarde se dirigió a Hispania. Se supone que desembarcó en algún puerto andaluz, que viajó hacia el norte por tierras portuguesas y que llegó a Galicia. Desde allí, tras evangelizar el país, volvería a Palestina, donde fue decapitado en tiempos de Herodes Agripa.

Su cuerpo fue trasladado a Galicia por sus seguidores, aunque no falta quien asegura (como Sánchez Dragó) que son los restos de Prisciliano, tachado de hereje por la Iglesia católica, los que realmente descansan en la catedral de Santiago de Compostela.

El Año Santo Jubilar se celebra cuando el 25 de julio cae en domingo, lo que no se repetirá hasta 2021. A lo largo de los siglos se han multiplicado las novelas, los ensayos, y los libros de viaje que tienen como excusa o protagonista el Camino de Santiago. Elcultural.es ofrece hoy una selección para perderse y no perderse en el Camino, en ninguno de sus sentidos...
Las novelas
El peregrino de Compostela, de Paulo Coelho (Planeta, 12'95 e.). Publicada por vez primera en 1987, la primera novela del célebre bestsellero brasileño es una parábola de la necesidad de encontrar el sentido de la vida individualmente a partir de las experiencias personales del propio escritor, que recorrió el llamado “Camino francés”. «En aquella época -explica Coelho-, mi búsqueda espiritual estaba relacionada con la idea de que existían secretos, caminos misteriosos y gente capaz de comprender y controlar las cosas que permanecen ocultas a la mayoría de los mortales. Creía que lo que es difícil y complicado lleva siempre a la comprensión del misterio de la vida. »
Iacobus, de Matilde Asensi (Plaza, 18'95). Lanzada a la fama gracias a sus novelas compostelanas -Iacobus (2000) y Peregrinatio (Planeta, 2004, 18 e.)-, Matilde Asensi recrea en ellas las aventuras de un ex caballero hospitalario llamado Galcerán de Born, el Perquisitore, que en Iacobus es enviado por el Papa Juan XXII a investigar la muerte de su antecesor Clemente V y la del rey Felipe IV de Francia, tras la ejecución del Gran Maestre de la Orden del Temple, en una aventura que le conducirá, a través del Camino, hasta el findel mundo conocido, Finisterre. Peregrinatio, en cambio, contiene los consejos que Galcerán da a su disoluto hijo, Jonás de Born, para que cambie de vida mientras peregrina hacia Santiago.
El peregrino, de Jesús Torbado (Ediciones B, 20 e.). Novela de la picaresca del Camino, que, según la crítica, “reconstruye imaginativamente el hormiguero de pícaros y mendigos al olor de la santa sardina compostelana”, donde se mezclan “gentes piadosas movidas por la fe con mendigos y pequeños profesionales, monjes codiciosos, anacoretas, mercaderes, embaucadores de toda laya, prostitutas, salteadores de caminos y muchas más especies de una inagotable fauna humana”.
Encuentros de Bonaval, de Sonsoles Ónega (Temas de Hoy, 2010). En Santiago de Compostela, “entre piedras que lloran y lluvia que baila...”, una joven que se sueña periodista en la españa posfranquista conoce a un “cazador de pensamientos” que cambia su vida, y le inspira el deseo de conocerlo todo de su ciudad, sus leyendas, secretos y gentes. También son recomendables, entre las últimas novedades, La estrella peregrina, de Angeles de Irisarri (Suma, 2010, 22 e.), y El alma de las piedras, de Paloma Sánchez Garnica(Planeta, 2010, 21'95 e.).
El libro del Camino de Santiago (451 editores, 22'50 e.). ¿Puede haber algo mejor que compartir el Camino con peregrinos tan apasionantes como Luis Buñuel y Jean-Claude Carriere, Álvaro Cunqueiro, Luis Mateo Díez, Tirso de Molina, o Robert Graves? ¿Y si, además, el volumen está ilustrado por El Greco, Simon Palmer, Antoine Pesne, Daniel Serveaux o Tintoretto? ¿Existe una alternativa mejor?
Los libros de viaje
Decía el poeta alemán Heinrich Heine que si se quiere viajar a las estrellas, no hay que buscar compañía. El Camino de Santiago puede ser una buena excepción, si los acompañantes son algunos de los mejores libros de viaje de la historia, como, por ejemplo:
Por el camino de las peregrinaciones, de Alvaro Cunqueiro (Alba, 16,50 e.), es la crónica del viaje entre Piedrafita y Santiago de Compostela que realizó Cunqueiro acompañado por el fotógrafo Magar en 1962. Casi cincuenta años después, sus ensoñaciones - “Para quien tiene la imaginación del camino en el corazón, es difícil no ver, en la temprana mañana soleada, a Gaiferos de Mormaltán, cuyo yelmo brilla entre las altas xesteiras, cabalgar soñador”- conservan intacta su magia, aunque el peregrino de hoy nada tenga que ver, aparentemente, con el de entonces.
El desvío a Santiago, de Cees Nooteboom (Siruela, 24'90 e.). De Nooteboom se ha escrito que «sabe más que nosotros mismos, de nuestra historia, de nuestro tiempo y de nuestra gente» y este libro, enriquecido con 28 fotografías de Simone Sassen, lo confirma. Su vagabundeo hacia Santiago es peculiar, porque no sigue los caminos tradicionales, pasa por Aragón y Granada, por Soria, el Museo del Prado y La Gomera, en un retrato literario, político y sentimental de España.
Compostela y su ángel, de Gonzalo Torrente Ballester (Alianza, 8 e). Podía haber sido una convencional guía turística, envejecida además, pues Torrente la escribió en 1947, pero esta supuesta pieza menor nada tiene que envidiar, según la crítica, a novelas tan famosas como Los gozos y las sombras. En ella, el novelista se mete en la maraña de las vidas de cientos de peregrinos “buscando el secreto de cada hombre a lo largo de su existencia!".
El Camino de Santiago en la Literatura. La ruta imaginada, de José Luis Puerto (Edilesa, 12 e.). A lo largo de siete jornadas, que coinciden con siete capítulos, el poeta José Luis Puerto descubre los territorios literarios creados por el Camino de Santiago desde la Edad Media : el mundo de las leyendas, la épica medieval, la lírica y el romancero, la literatura del siglo de oro, los viajeros foráneos, la poesía y la narrativa contemporánea, además de las tradiciones orales.
Las guías
Abundantísimas y abrumadoras. Las hay, como diría un feriante, para todos los gustos, para los que buscan el arte románico, para quienes prefieren los versos de Rosalía de Castro, y para quienes pretenden recorrer el Camino en bicicleta, y desde Francia o la Vía de la Plata. Así, 
Pío Moa se ofrece como guía para un posible Viaje por la Vía de la Plata (Libros Libros, 19 e.) que es la alternativa al Camino más popular.

Lunwerg recupera
 El camino de Santiago. La ruta celeste, (14,50 e.), con imágenes y textos de distintos autores que nos acercan a los itinerarios, la arquitectura, los paisajes y la experiencia de los peregrinos. Incluye además una cronología jacobea -para ver cómo ha evolucionado el camino a través de la historia- y está acompañado de una excelente documentación gráfica y numerosas referencias bibliográficas.

Otra posibilidad es hacer 
El Camino de Santiago en mountain bike, de la mano de Juan José Alonso Checa (Tutor, 16'5 e.), con consejos prácticos llenos de sentido común y conoimiento, pues el autor también es responsable de una Guía práctica del peregrino (Desnivel, 21'50 e.) y de 30 Fichas prácticas, plastificadas, sobre el Camino francés y de 6 sobre la vía aragonesa.

También demuestra un conocimiento exhaustivo en el tema 
José María Anguita Jaen, responsable de al menos cuatro libros que recorren el Camino, deteniéndose en ocasiones en su arte (El Camino de Santiago Monumental, Everest, 32 e.) u ofreciendo consejos que pueden resultar vitales para el peregrino.

Y también están los libros de... las posibilidades se multiplican. ¿Podemos prescindir de los libros de Duby sobre la historia de Europa? ¿O de la últimísima guía llena de consejos? . En cualquier caso, lo mejor, el Camino, está ahí, esperándonos, porque sabemos, con Pessoa que el viaje es el viajero, y que lo que vemos no es lo que vemos sino lo que somos. ¿Te atreves a descubrirlo?
 
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Revestidos con su propia muerte


Quintana de Fuseros celebró su ancestral procesión de los amortajados, con túnicas de mortajas


El Cristo de la Cabaña es sacado en procesión por todas las calles de Quintana de Fuseros acompañado de los amortajados.

F. Fernández / Quintana de F. La CRONICA de LEON 


Ahí va gente que ha librado de un cáncer, que ha tenido un accidente y sobrevivió, algunos que se salvaron de enfermedades malas, madres que se han ofrecido por sus hijos... qué se yo, aquí le tenemos mucha fe al Cristo de la Cabaña”.
La buena mujer se acerca a la iglesia de Quintana de Fuseros con una ‘mortaja’ debajo del brazo para ponérsela y participar en una de las procesiones más singulares de nuestra provincia y, seguramente, del país: “La procesión de los amortajados”, que cada 3 de mayo recorre las calles de este pueblo del ayuntamiento de Igüeña con un buen número de participantes vestidos con túnicas blancas, en su mayoría, y otras de colores o estampadas que asemejan a las túnicas de los amortajados, de lino. “Es la túnica que nos podían haber puesto, pues tuvimos peligro de muerte, y venimos a darle gracias al Cristo por habernos librado”.
– ¿Y usted de qué se libró?
– Eso son cosas de cada uno... y del Cristo de la Cabaña; añade mientras acelera el paso camino de la iglesia en la que otros muchos vecinos de esta localidad de alrededor de 250 habitantes ‘estables’ durante todo el año.
Allí, a la iglesia, va llegando más gente, de todas las edades, con su mortaja debajo del brazo. Otros vecinos, que no van a salir amortajados en la procesión, esperan en el exterior.
– ¿Va mucha gente amortajada en la procesión?
– Sí van, bastantes.
– Antes iban muchos más.
– Porque había mucha más gente en el pueblo.
– Pero todos los que vienen con mortaja no pueden haber estado en peligro de muerte en un solo año.
– No, hombre. Cada uno se amortaja el tiempo que quiere. Los hay que se ofrecen de por vida, otros por diez años, por cinco, según haya sido lo suyo.
En el interior de la iglesia se siguen poniendo las mortajas. Al exterior llegan tres músicos que han hecho el pasacalles y ahora preguntan qué deben hacer: “Esperad aquí que vamos caminando hasta la ermita y después ya volvéis con la procesión”.
- Lo que diga jefe, que los músicos sabemos que la burra se amarra donde manda el amo.
La conversación gira por unos momentos hacia otros tiempos en los que en el pueblo había mucha más vida y no necesitaban contratar la música. “Aquí durante muchos años tocó Genaro ‘El Tamborilero’, que era del pueblo. Murió en Ponferrada ya hará más de 30 años, había estado en la División Azul y él solo se manejaba con la flauta y el tambor, era un personaje. ¡Cuántas bodas y fiestas tocó por aquí!”.
- ¿Y la Orquesta Flor?
- Hombre, esos ya eran profesionales, tocaban por toda la comarca.
- Pero eran de aquí.
Sale el sacerdote y comienzan a desfilar los amortajados y vecinos por las calles del pueblo camino de la ermita del Santo Cristo de la Cabaña. Las mujeres cantan algunas canciones y en los silencios tocan los tres músicos. Otros vecinos recuerdan anteriores procesiones u otros hitos que marcaron la vida comunal. “¿Te acuerdas cuando asfaltamos todas las calles del pueblo de Concejo, los chavales, los jubilados, todos?”.
- Claro que me acuerdo, fue el año que murió Franco.
De la iglesia a la ermita
En la ermita del Cristo se celebra la misa. No entran todos los vecinos que acuden y se repite en las conversaciones lo que parece una consigna: “Los amortajados tienen preferencia”.
Para los que quedan en el exterior se coloca un altavoz. Extraña que un mes después de Semana Santa la lectura sea de la Pasión de Cristo y es que este rito que acoge Quintana es casi único, pero en los pocos lugares que hay algo parecido siempre es en Semana Santa.
Acaba la misa. Salen los amortajados, la imagen de la Virgen que habían traído desde la iglesia y también la del Cristo, que estaba en la cuidada ermita que acogió la misa. Comienza la que es, en realidad, la auténtica Procesión de los Amortajados de Quintana de Fuseros. “Antes se hacía otra misa muy temprano en la ermita, pero lo han cambiado...”.
Motivos muy diversos
La imagen del Cristo permanecerá en la iglesia hasta el día de San Isidro, patrono de los labradores. Ese día regresa a su ermita y aprovechan para bendecir los campos.
Los ofrecidos o amortajados son los protagonistas de la procesión (“ahora ya es raro que vayan descalzos, antes había muchos”). Los motivos son muy variados pero casi todos para agradecer el haberse salvado de alguna enfermedad o accidente grave. “No se se le suelen pedir al Cristo favores, aunque siempre hay alguno que lo intenta... Ya se sabe, el intento no está penado, pero no es muy de eso este Cristo de la Cabaña; no tendría sentido ir con el sudario de la muerte para pedir un favor”.
El silencio sólo lo rompen los cánticos y la música, hay devoción y no falta el recogimiento. Cuando se acercan a la iglesia se suma el repique de las campanas. El número de asistentes es considerable, pese a ser un lunes, y el de amortajados ronda la treintena. Llegan hasta la iglesia y en el interior se produce otro rito tradicional, algunas personas le recitan al Cristo de la Cabaña algunas poesías, propias en el mayor de los casos o una de un vecino del lugar, profesor en Salamanca: José Luis Rodríguez Molinero. “Por Tu desnudez, ¡oh Cristo!, / quita de mí lo que es pravo, / que libre quiero yo estar / de la veste del pecado.
Así acaba este singular rito. Después comienza la fiesta. A los músicos les mandan tocar el baile vermú y obedecen: “Los músicos sabemos que la burra se amarra donde manda el amo”.


La de Quintana es casi única en España y la única que se celebra fuera de Semana Santa

F. Fernández / Quintana de Fuseros
El rito de la procesión de los amortajados es único en León y también en la Comunidad. Existe una similar en la localidad zamorana de Bercianos de Aliste y en otras poblaciones españolas perose celebran en Semana Santa, que parece el marco natural para estas celebraciones.
No tienen documentada en la ‘cofradía’ que organiza esta procesión y alquila las mortajas el origen de esta tradición, pero sí saben que aparece reflejada en resúmenes provinciales del Catastro del Marqués de la Ensenada (de los años 1752 a 1754) dondela Cofradía de Ánimas de Quintana “no sólo tenía fondos en esta localidad (150), sino también en Cabanillas de San Justo (58) y en Villaviciosa de Perros -actualmente de San Miguel- (233)”, según recoge Marcelino Álvarez en un artículo prublicado enla revista La Curuja, de Noceda del Bierzo.
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Joaquín Montaña - Un Villafranquino en el gulags ruso


Joaquín Montaña

Un leonés, único español vivo ex prisionero de los gulags rusos

El leonés Joaquín Montaña es el único ex prisionero español de la División Azul en Rusia con vidaF. Fernández / Villafranca
Los motivos que llevaron a Joaquín Montaña a la División Azul son muy claros: 7,30 pesetas de sueldo del año 42 y 4 marcos para enviarle la mitad a a su madre en Villafranca”. 



Así explica Ramón Cela cómo un vecino suyo, un villafranquino, acabó alistado en la División Azul y después sufrió 12 años de cárcel en los gulags soviéticos. Hoy Joaquín Montaña es el único ex prisionero de guerra español en las cárceles rusas con vida, con 84 años, y ha llevado su vida a un libro que acaba de publicar con el título de ‘En Rusia con la División Azul’ (Peñalba Ediciones). 
Todas las guerras han dejado una huella imborrable en numerosas biografías humanamente impresionantes, el margen de colores, tendencias o bandos. Por eso Ramón Cela incide en los motivos que llevaron a Joaquín Montaña a combatir en un frente y lo complementa con la postura que mantuvo el berciano al regresar de Rusia. “Yo era un niño pero aún recuerdo cómo fuimos a recibir a Joaquín en el estación de Villafranca a su regreso, como un héroe”. Sin embargo, este personaje no se dedicó a pasear sus medallas por Villafranca o a intentar cobrar las prebendas de su odisea. Se convirtió en un ex combatiente al que le gustaba muy poco hablar de aquello que había pasado, respondía con evasivas (“aquello era muy duro”, “las guerras siempre son muy crueles” y cosas así).
La versión de Cela la corrobora el propio Joaquín Montaña en esa especie de diario que es el libro: “… Mi madre me preguntaba dónde me había metido dos días que falté. Habíamos ido a León y no queríamos que supieran nada en casa. Entonces la respuesta era fácil y una madre siempre se quiere creer lo que le cuenta su hijo. Seguro que si supiera cuales eran las intenciones, no me dejaría marchar. Siempre era el trabajo la disculpa y que no había quien lo hiciera, por eso había faltado dos días de casa. 
Guardamos el secreto hasta que fuimos a tomar el tren. Además había otros jóvenes en el pueblo que hablaban de alistarse ¡¡Más de siete pesetas diarias!! Con ese dinero se comía en el hotel y sobraba para invitar a los amigos. Encima, por si esto era poco, podías salir en el NODO y todas las chicas te veían. 
Seguro que cuando volviera con galones o estrellas, nadie me llamaría ‘Clavelito’ y debería hacerlo cuanto antes porque esa guerra se acabaría pronto”.
Esos eran los alicientes. 7,30 pesetas, 4 marcos y “los sueños de un chaval de 17 años que no puede saber nada de la vida, ni del fascismo ni del comunismo”, matiza Cela, a la vez que recuerda como se lo contó Joaquín: “Yo no sabía muy bien lo que era la Falange, ni el Comunismo, pero algo así como el fútbol, o eras del Atlétic de Bilbao o del Atlético Aviación, total daba lo mismo y cuando eres joven no interesa otra cosa que dónde se celebran las mejores fiestas y como buscarse la manera de acudir a ellas… Soñábamos con el uniforme, pantalón caqui de la Legión, camisa azul de la Falange y gorra roja de los carlistas y ya nos veíamos como los galanes en el cine o en los desfiles de aquellos documentales sobre la guerra… en sueños no nos ganaba nadie. Siempre pensábamos a quien íbamos a mandar cartas y muchas fotografías con el uniforme de la Wermach y un día a nuestro regreso, seríamos aclamados como héroes”. Unos sueños juveniles demasiado infantiles que le llevaron a vivir la más terrible experiencia de su vida, recuerda Cela, quien no podía olvidar el recibimiento que le hicieron y cada día le provocaba más intriga e interés esa biografía que Joaquín Montaña le ocultaba.
- Muchas veces le pedí que me contara su vida y otras tantas me encontré con evasivas; explica el fotógrafo berciano, que estaba dispuesto a cambiar la cámara por la pluma si el divisionario se decidía a abrir el baúl de sus recuerdos.
Hasta que hace tres años se encontró con una respuesta sin evasivas. “Te lo voy a contar”, le dijo Joaquín Montaña, y entre café y café Ramón Cela fue tomando nota de lo que le decía aquel personaje al que un día fue a recibir a la estación, al prisionero cautivo en los campos de concentración de Rusia donde incluso había perdido un ojo, al que siempre le había dicho: “No me trataron mal, pero todas las guerras son malas”.
Con el capitán Palacios
La primera confesión ya le dejó claro a Cela que estaba ante un gran personaje: “Yo allí estuve en la compañía del capitán Palacios”. Eso ya era mucho decir.
“Yo algo sabía y decir que estuvo con Palacios me puso sobre aviso, pero me seguí documentando y fui descubriendo a un tipo de una humanidad tremenda, a un tipo que había decidido pasar página pero era una de las páginas más conmovedoras de aquella cruel contienda”.
Por ese hilo, del capitán Palacios, fue encontrando el ovillo de la presencia de Joaquín Montaña en Rusia. Descubrió que había sido quien manejaba un mortero del 50 y el relato de su valentía en el frente. “Una vez se le había acabado las balas del mortero y estaba lanzando las bombas que tenían, que también se le acabaron, pero él seguía allí. Vamos, le dijeron, ¿qué quieres tirarles bolas de nieve?”.
Pero Joaquín rehuye personalizar en sí mismo. “Los españoles estábamos muy bien vistos, éramos muy duros, recuerdo que cuando nos cambiaban de campo de concentración los prisioneros nos saludaban con admiración”.

 


 


“Al liberarnos creímos que lo hacían para hundir el barco”

“Nunca he querido hablar de lo que sufrí para no hacer sufrir a los míos”
Un niño con uniforme
Entre los testimonios más esclarecedores de cómo un chaval como Joaquín Montaña puede acabar en un campo de concentración en Rusia están los motivos que le llevaron a alistarse con sólo 17 años (falsificando el carnet de identidad), entre los que reconoce la vistosidad de los uniformes de la Legión o los carlistas, por ejemplo. En la imagen de la izquierda aparece el divisionario de Villafranca del Bierzo a su llegada a Barcelona, camino de Rusia, y a la derecha aparece Joaquín Montaña en una imagen anterior a la contienda. Nada que ver con el que aparece en las páginas anteriores, en las que muestra una de las secuelas de su presencia en la misma, la pérdida de un ojo.

“Hace 3 años me dijo, ya te lo voy a contar”

La parte más conmovedora del libro, y el detonante del mismo, es el testimonio en primera persona de Joaquín Montaña González que ha recogido el conocido fotógrafo villafranquino Ramón Cela, su paisano, el que se pasó mucho tiempo pidiéndole que le contara su vida. “Yo se que no soy un virtuoso de la pluma, pero Joaquín se decidió a contarme su peripecia porque los dos somos de Vallafranca, porque tenemos una amistad entre las familias y el testimonio era tan conmovedor que creo que merecía la pena el esfuerzo. Aún recuerdo cuando hace tres años me dijo: Ya te lo voy a contar”.

F. Fernández / Villafranca

 
Ramón Cela ha hecho un importante esfuerzo documental para arropar la historia de Joaquín Montaña. Ha dividido varios apartados en los que aborda aspectos como la presencia debercianos en la División Azul con una relación de los mismos entre los que figuranonce de Villafranca (el pueblo de Montaña y Cela); un perfil biográfico y una semblanza de algún divisionario vinculado al Bierzo, (como el que fuera presidente de la Hermandad yalcalde de Ponferrada Luis Nieto; un diario de Federico Menéndez Gundín, asturiano pero de raíces leonesas o Jesús Pérez Lezama, de San Miguel de las Dueñas. “He bebido en diversas fuentes, antagónicas en muchas ocasiones, para acercarme más a la realidad de lo que fue y supuso la División Azul”.
Pero el plato fuerte del libro es, sin duda, el relato autobiográfico que realiza el propio Joaquín Montaña y transcribe Ramón Cela. Un relato directo, sin concesiones, como fue la vida en aquellas circunstancias: “Era aterrador el estruendo de los proyectiles cayendo por todas partes. Aquí fue donde conocimos bien lo que era la guerra, la destrucción era total, la muerte se palpaba y cuando fumabas un cigarrillo siempre pensabas que sería el último.
Los cadáveres se amontonaban y ni les mirabas, sólo veías un bulto que parecía formar parte del paisaje. Por eso yo nunca quise hablar de lo que he visto, de lo que he sufrido y se que si lo hubiera hecho mi familia habría sentido parte de los sufrimientos que yo he padecido”· Ahí está la clave de ese silencio que mantuvo durante toda su vida y que rompe ahora, tal vez porque crea que estos sufrimientos ya no se produzcan o porque ya es mayor y quiere dejar constancia de su testimonio para que no se vuelva a repetir”.
Especialmente duro fue el pasaje de las tres huelgas de hambre que hicieron los españoles para protestar por las condiciones de vida del campo de concentración. Joaquín Montaña las secundó todas hasta el final, para admiración de los soldados de otros países que decían: “Nos estamos muriendo de hambre y estos se niegan a comer”. Así fue como los españoles se ganaron merecida fama de duros y entre ellos el leonés, que padeció graves secuelas por su postura.
Jamás creyeron que saldrían vivos, incluso al ser liberados. “Estábamos convencidos de que nos metían en un barco para hundirnos en alta mar”.


“Al liberarnos creímos que lo hacían para hundir el barco”

“Nunca he querido hablar de lo que sufrí para no hacer sufrir a los míos”
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