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IRMANDIÑOS BERCIANOS Y COMUNEROS LEONESES.




El 23 de abril se celebra la fiesta de la Comunidad Autónoma de Castila y León que coincide con la derrota de la revuelta de los Comuneros en 1521. Este acontecimiento histórico nos sirve para reflexionar sobre su repercusión en El Bierzo. La revuelta comunera castellana no parece haber tenido excesiva importancia en nuestro territorio periférico. Defendemos esta tesis en base a la escasez de fuentes históricas encontradas sobre el particular. Todo lo contrario sucede con la presencia de los irmandiños en El Bierzo. Los datos encontrados implican cada vez más a los bercianos en la revolución irmandiña y minimizan su participación con los comuneros.




LOS IRMANDIÑOS BERCIANOS.
Los grandes señores de Lemos utilizaron todos los resortes de su poder para controlar El Bierzo. En este sentido, sabemos que tanto el conde de Lemos como el monasterio de Santo Andrés de Espiñareda colaboraron y prohibieron “a los hombres buenos y al concejo de Vega a entrar en la hermandad para otro servicio que no sean las causas del Rey, de Dios o del señor conde de Lemos (…)”, según nos indica la historiadora Mº del Carmen Rodríguez García.




Ante la amenaza de la revuelta antiseñorial irmandiña, el conde de Lemos ejecuta una política favorable a la desactivación de los irmandiños bercianos. Así sabemos de los contactos del conde con la Junta de Madrigal de la Santa Hermandad de los Reinos de Castilla y León y Toledo (febrero de 1468), para que ésta ordene y escriba “a la hermandad de León y del Bierzo para que cesen los levantamientos contra el dicho conde e suyos (…)” (Carlos Barros: “Vasallos y señores: uso alternativo del poder de la justicia en la Galicia medieval”, 1988). Finalmente el noble gallego consigue provisión de la Junta de Madrigal contra sus vasallos levantados contra él y sus fortalezas (24 de febrero de 1468).




Parece claro que tanto el conde de Lemos como la Santa Hermandad de Castilla y León intentaron desactivar la revolución antiseñorial irmandiña porque amenazaba sus intereses con la aplicación de la justicia popular. Carlos Barros recolle que vecinos de Ponferrada, Vilafranca y Cacabelos conspiran con el conde de Lemos, entre febrero y marzo de 1468, ante la dicha Hermandad “para tratar organizar la contrarrevuelta contra los irmandiños”. Así pues, el conde encuentra apoyo en algunas villas bercianas, posiblemente entre sus regidores, pero los labregos explotados y cierta baja nobleza está con los irmandiños como luego veremos. O historiador gallego indica que el conde estaba “doente pola escisión pro-galega do Bierzo, coa intención de facilitar un recrutamento de xente que lle permitise recobrar o poder feudal, primeiro no Bierzo e despois en Galicia, que non lograría até un ano despois, mediante una contraofensiva coordinada coa alta nobreza galega” (“Os irmandiños da Terra de Lemos”).



El conde de Lemos y sus partidarios fueron acorralados en la fortaleza ponferradina pr los irmandiños galego-bercianos, “e cercaronlo después en Ponferrada e defensioseles porque era villa fuerte, e porque se le allegaron muchos caballeros e escuderos que andavan desterrados de lo suyo, e otro si lo ayudo el Conde don Alvaro de Trastamara” (cronista Lope García de Salazar).



LA REPRESIÓN TRAS LA DERROTA IRMANDIÑA.
Tras el contraataque del partido de la nobleza gallega, y la posterior derrota irmandiña, se produce la represión. En este contexto el conde de Lemos encarcela y ejecuta al escudero Alvar Sánchez, que poseía la tierra de Arganza, por apoyar a los irmandiños y apoyar el cerco de Ponferrada (Alfonso Franco Silva). La represalia del conde no se hizo esperar, “e lo metieron el el castillo en el suétano. E yasió allí fasta un mes”. Según un testigo de los hechos, “quando lo sacaron para lo asaetar, lo pregonaban deziendo que veniesen a ver la justicia que mandava fazer el conde a aquel onbre que fuera su criado e fuera contra el” (Francisco González González). La propaganda justiciera condal buscó dar escarmiento a los bercianos mediante la trágica represión irmandiña.




La represión del conde también se concretó en la obligación de reparar las fortalezas que atacaron los irmandiños, casos de Valboa, Corullón, Sarracín, Ponferrada, Cornatelo e Pena Ramiro. Los vasallos mostraron sus quejas ante estas abusivas serventías, “se quexaban al dicho conde diciendo que porque les azia e mandava a sus vasallos que vienesen a axudarle hacer sus fortalezas e que dicho conde dezía e respondía a lo susodicho que pues todos fueran en ayuda de derrocallas que también abian de ser todos en ayuda a corregillas e azellas”, según declaraciones del Pleito Tabera-Fonseca. En cierta manera hay un reconocimiento del conde respecto al apoyo social mayoritario de la revuelta irmandiña.




También sabemos que los irmandiños extendieron su revolución a la región berciana pero también a la vecina Sanabria. Estos hechos constatan que los irmandiños consideraban estas dos comarcas periféricas como parte del reino de Galicia y con la misma problemática antiseñorial. El pueblo sanabrés de Cobreros sufrió fuerte represión del conde de Benavente por su apoyo a la causa irmandiña. “Dizen que quando la hermandad vieja quando la tierra se levantó de boz de la dicha hermandad por lugar mas çercano de al fraga y montes todos se acogían allí para se defender y que por aquella cabsa el señor conde mandó poner fuego al lugar y que todo se quemó y que quedaron perdidos, que piden se les haga satisfaçión”. La acción represiva del conde se consistió en meter fuego para derrotar a los irmandiños. “Al tiempo que su señoría (el conde) fue a Sanabria, abrá obra de quarenta años poco más o menos, el tiempo de las ermandades su señoría por atemorizar a jente que estaba sobre Senabria mandó quemar el lugar de Cobreros (….)”. Así se recoge la represión antiirmandiña la documentación estudiada por Isabel Beceiro Pita.




LOS COMUNEROS DE LEÓN.
A pesar de los intentos políticos de cierto leonesismo por minusvalorar la importancia de la revuelta comunera en León, lo cierto es que ésta gozó de hechos significativos que no encontramos en El Bierzo. En la capital del reino leonés, las disputas entre las dos grandes familias nobiliarias, los Quiñones y los Guzmanes, se resolvió a favor de los partidarios de los comuneros. Según Eloy Díaz-Jiménez Molleda, ambas familias comenzaron discutiendo por el servicio votado en las Cortes de Santiago-A Coruña para luego continuar con el combate abierto en las calles de León. Tras la derrota de los realistas, el conde de Luna y sus partidarios tuvieron que abandonar la ciudad que quedó en manos comuneras. Incluso el Cabildo se mostró partidario de la causa comunera.




Resultaba difícil que los bercianos tuviesen ánimo de apoyar la legítima revolución comunera después de sufrir tan importantes conflictos sociales en las décadas anteriores. Nos referimos a la revolución irmandiña (1467-69), la revuelta del noble Rodrigo Enríquez Osorio en defensa de la integridad territorial del condado de Lemos (1486), y la posterior rebelión y ocupación de Ponferrada por el conde (1507) ante la debilidad del poder real.




A pesar de todo esto, sabemos por la documentación histórica que los ánimos estaban alterados en El Bierzo ante el cobro de los servicios reales (tributos) por parte del regidor de la ciudad de León, Hernando de Villafañe. El propio marqués de Villafranca indica que “la dicha tierra está algo escandalizada” por dicha cobranza. En este mismo contexto antifiscal, también la villa de Ponferrada protesta por el cobro de los servicios reales de los años 1520 y 1521.

BIBLIOGRAFÍA.
-Carlos Barros: “Os irmandiños da Terra de Lemos”, en O Condado de Lemos na Idade Media, 2008.
-Isabel Beceiro Pita: El condado de Benavente en el siglo XV, 1998.
-Alfonso Franco Silva: “El señorío de Villafranca de El Bierzo (siglos XIV y XV)”, en Boletín de la Real Academia de la Historia.
-Francisco González González: Las cárceles ponferradinas, 1997.
-Joseph Pérez: La revolución de las Comunidades de Castilla (1500-1521), 1981.



O Bierzo, abril de 2011.
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IRMANDIÑOS BERCIANOS Y COMUNEROS LEONESES.



LOS IRMANDIÑOS DE EL BIERZO Y LOS COMUNEROS DE LEÓN,
Por Xabier Lago Mestre, del colectivo Fala Ceibe do Bierzo.